Romería
España, 2025.
Directed by: Carla Simón.
Cast: Mitch Martín, Tristán Ulloa, Llúcia Garcia.
Running time: 115 min.
Synopsis
En Romería, Carla Simón dibuja la complejidad estructural de su obra en varios tiempos narrativos: uno es la traslación a los años en que sus padres —fallecidos en 1992, afectados por el sida— vivían sus momentos de vino y rosas. En el sur de Galicia, donde las drogas hundían con particular facilidad su daga, pertenecían a familias de clase alta, viajaban a Sudamérica, consumían y se inyectaban. Hay un segundo plano temporal de Romería: se corresponde a cuando Marina, la hija de ambos, trasunto de la propia Carla Simón, superada la adolescencia, viaja por primera vez a Vigo para conocer a su familia paterna. Esta Carla Simón ficcionada busca varias cosas: respuestas a cómo vivieron y murieron sus padres, porque le pesa el ominoso manto de silencio que sobre ellos se ha extendido. También vindicación: las razones por las cuales sus tíos y abuelos la expulsaron radicalmente del seno familiar. Y por qué la reciben ahora como si sobre ella aún recayera el estigma. Y así, su llegada se respira como la visita del rencor. En última instancia pretende, al confirmar los más sórdidos de sus temores, realizar un ajuste de cuentas. Que es el suyo y también alcanza una categoría global. Cómo las familias de clase alta —no sólo pero sobre todo estas— ocultaron a sus hijos, a los que tocó vivir los tiempos del sida, como un bochorno, una peste que debía esconderse extramundi y evitar que su situación fuera expuesta a la sociedad. Y ahí el valor político de Romería es notorio y está tratado en su justa medida.
En Romería, Carla Simón dibuja la complejidad estructural de su obra en varios tiempos narrativos: uno es la traslación a los años en que sus padres —fallecidos en 1992, afectados por el sida— vivían sus momentos de vino y rosas. En el sur de Galicia, donde las drogas hundían con particular facilidad su daga, pertenecían a familias de clase alta, viajaban a Sudamérica, consumían y se inyectaban. Hay un segundo plano temporal de Romería: se corresponde a cuando Marina, la hija de ambos, trasunto de la propia Carla Simón, superada la adolescencia, viaja por primera vez a Vigo para conocer a su familia paterna. Esta Carla Simón ficcionada busca varias cosas: respuestas a cómo vivieron y murieron sus padres, porque le pesa el ominoso manto de silencio que sobre ellos se ha extendido. También vindicación: las razones por las cuales sus tíos y abuelos la expulsaron radicalmente del seno familiar. Y por qué la reciben ahora como si sobre ella aún recayera el estigma. Y así, su llegada se respira como la visita del rencor. En última instancia pretende, al confirmar los más sórdidos de sus temores, realizar un ajuste de cuentas. Que es el suyo y también alcanza una categoría global. Cómo las familias de clase alta —no sólo pero sobre todo estas— ocultaron a sus hijos, a los que tocó vivir los tiempos del sida, como un bochorno, una peste que debía esconderse extramundi y evitar que su situación fuera expuesta a la sociedad. Y ahí el valor político de Romería es notorio y está tratado en su justa medida.
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Tereza Nvotová
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